Cuando estar ocupado no significa avanzar

El tiempo miente

Estar ocupado no significa estar empujando un proyecto.

Cuando era pequeño vivía en una urbanización grande, con jardines, piscina y muchas escaleras. Había una señora que limpiaba. Era invisible: ni la veías ni la escuchabas. Cuidaba los jardines y todo funcionaba. Nada brillaba, pero el conjunto era coherente.

Con el tiempo la sustituyeron. Llegó una limpiadora especializada y un hombre de mantenimiento. Recuerdo ver al hombre siempre ocupado, siempre en los lugares más visibles. Pintaba una raya de color en las columnas, cambiaba bombillas por otras más potentes, alineaba el espejo de la salida del garaje. Siempre hacía algo.

Sin embargo, los jardines se deterioraron, las plantas se morían y la piscina estaba cada vez peor. Había actividad constante, maquinaria, ruido. Pero el sistema ya no mejoraba. Al final, la administración tuvo que contratar un jardinero y una empresa de mantenimiento de piscinas.

Fue ahí cuando entendí algo simple: no todo el trabajo que se ve es progreso. A veces, el trabajo que empuja el sistema es silencioso, poco visible y difícil de medir. Y cuando solo premiamos lo que se ve, acabamos optimizando justo lo contrario de lo que importa.

Lo que no puedes ver

“The most important work often looks like no work at all.” - John Carmack

Explorar una idea a fondo no deja rastro inmediato.Resolver un problema real consume energía, pero no genera señales visibles.

Definimos plazos y métricas sin asumir que las partes clave del trabajo no se pueden medir. Premiamos lo que se entrega rápido porque es lo único que sabemos reconocer. No porque sea lo más valioso, sino porque es lo más visible.

El trabajo que cambia un proyecto suele parecer inactividad. Cuando el sistema no sabe medirlo, interpreta ese silencio como bajo rendimiento. Y así es como el talento se quema y acaba marchándose.

Siempre le digo a mi equipo: el problema que hoy no consigues resolver es lo que convierte un producto en algo valioso. Si fuera fácil, cualquiera lo haría. Son esos días sin progreso aparente, llenos de fricción, los que realmente te alejan de la competencia.

Existe

Si no sabes identificar el trabajo invisible, estás gestionando por señales falsas.

La mayoría de sistemas actuales se apoyan en reuniones, tickets y reportes. Generan una sensación de control que tranquiliza, pero no reduce la incertidumbre real. Funcionan sobre la confianza en las personas, y eso es un billete de ida, los equipos aprenden rápido qué comportamientos son premiados.

El problema es que el trabajo invisible casi siempre aparece cuando ya es tarde. Los plazos castigan a quien previene problemas en lugar de a quien los crea y luego los apaga.

La sensación de que el equipo no avanza, cuando en realidad estás mirando en el lugar equivocado, es una fuente constante de burnout. Las métricas no engañan, simplemente no saben medir aquello que no se puede ver. No hay maldad en las personas. Hay un sistema roto que solo premia lo visible, aunque no sea lo que realmente mueve la aguja.

Mirar no es entender

Gestionar no es observar señales y ajustar el rumbo, es aceptar que una parte esencial del progreso no emite señales y que las métricas solo muestran una realidad parcial que engaña cuando se confunde con comprensión. 

El verdadero progreso ocurre cuando el equipo parece no avanzar. Lo que falla no es el equipo, son las métricas.

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